Vocabulario tipográfico

Arial, cuerpo 16, color #CC0000. ¿No te suena?
Como sabemos, cada vez somos más los que tenemos al alcance centenares de familias de tipos digitales. Esto, qué duda cabe, es un arma de doble filo. Al tiempo que permite al menos lego realizar acabados que pasarían por profesionales, también produce el espejismo que parece dotar a todas las voces de un mismo peso. Esto se nos muestra en el maltrecho vocabulario de diseñadores y tipógrafos, que no dejan de ver cómo su mundo se diluye en la omnipresente cada de Adobe.
No sólo nos hartamos de ver tipos ilegibles donde se requiere claridad y una profusión cada vez más preocupante de la Comic Sans y la Calibri (que Dios las tenga en su Gloria). También podemos escuchar cosas como “una letra más grande” cuando deberíamos oír “un cuerpo mayor”.
Esto no es un problema, diréis, con razón. Pero tampoco está de más sabes que en lugar de “separar las líneas” podemos hablar de “aumentar el interlineado”. Todo esto no es importante. Pero en un artículo comentamos el tema de las fuentes, y me gustaría aclararlo; la introducción ha sido meramente decorativa.
¿Por qué decimos Fuente y qué deberíamos decir? Aquí debemos remontarnos, como otras veces, a la Edad de Oro de la tipografía francesa, ya sabéis, la Magna Francia de Garamond. En esta época de fundidores era normal que estuviese en boga el término que define directamente el “fundido”: la palabra fonte. Este “fundir” definía al conjunto de caracteres de una familia fundidos de una vez. De ahí se pasó de una manera curiosa, fundidores ingleses mediante, al término font. A partir de ahí se abrió la vida, y en castellano podemos denominar Fuente a una familia tipográfica. Aunque no debemos olvidar que etimológicamente no tiene ningún sentido.
Es pues, gracias a los franceses, a los que debemos que a las Familias de tipos se las llame Fuentes.