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Escritura medieval

Escritura medieval

Recreación de una página medieval (imágenes: fromoldbooks.org)

En el anterior artículo dedicado a la historia nos quedamos en la caligrafía uncial y, como prometimos, hoy dedicaremos nuestro espacio a la tipografía durante la Edad Media. Empezaremos comentando la fragmentación que se produce en Europa durante la Baja Edad Media. La falta de comunicación entre regiones produjo la proliferación de caligrafías nacionales, distintas unas a otras. A esto debemos sumarle la generalización de las minúsculas a raíz de la escritura semiuncial.

Pero el problema de comunicación no afecta únicamente al estilo caligráfico, también debemos tener en cuenta que el suministro de soportes para el texto escrito también escaseaba. Es por eso por lo que los copistas de la Edad Media debían aprovechar al máximo el poco material del que disponían, haciendo del ahorro su principal preocupación.

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Caligrafía uncial

Caligrafía uncial

Una familia de tipos que imita la caligrafía, laBouwsma Uncial

El otro día estuvimos viendo el porqué de la escritura, de dónde viene. Entendimos el origen del alfabeto y vimos que fue derivando desde los jeroglíficos hasta la caligrafía. Ahí nos quedamos, y aquí proseguimos. Pero para poder entender estos procesos no debemos olvidar el contexto socio-económico y cultural que los envuelven. Estábamos en el Imperio Romano, hermano pequeño del Griego y nieto del Egipcio. Pero un fantasma recorría Europa, el fantasma del Cristianismo. Ahora el mundo venia del Logos, de la Palabra. Esta, transmitida de forma oral, debía poder tangible, tenía que fundamentarse en la palabras escrita, en Las Escrituras. Esta nueva forma de concebir el mundo se explicitó en un nuevo modo de concebir el texto.

Ahí nació el estilo uncial. Se dice que su nombre puede venir de la medida, “onza”, que en Roma era la duodécima parte de muchas medidas, puesto que las líneas de esta escritura estaban compuestas de doce caracteres. Pero este estilo no salió de la nada. Nació gemelo al códice. Dejando de lado papiros, tablillas y cinceles, ya sólo con un cálamo, o una pluma de ave, se podía cicatrizar escritos en la piel tratada de una res.

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